Pues, señor, érase un sapito
que moraba en una laguna
y, por esas cosas de la vida,
se enamoró de la luna.
Cuando llegaba el Ocaso
lanzaba el sapityo su canción,
esperando el aparecer, en el horizonte,
el objeto de su adoración.
Aparecia, Ella, en el cielo
con su aire de gean dama
y, el sapito, la admiraba
hasta llegar la mañana.
Ante esta situación singular,
el sapito se consolaba, a su manera,
muy serio, poniéndose a pensar
en lo dificil de ésta, su prueba:
"Por que estamos muy lejanos
esperanza no hay ninguna,
ella, vagando en el espacio
y, yó, en esta laguna...
Pero, soy afortunado en ternerla,
aunque sea en la distancia,
por que gracias a la Naturaleza
puedo, in mi laguna, retratarla."
El Sapito besaba a su amada
en la laguna, su espejo,
cuando la vía reflejada,
con el Amor en su pecho.
Todos los demás se admiraban
de este romance, tan dispar,
y sin duda criticaban
por no saber lo que es amar.
El sapito ha sido felíz, éso siquiera,
a pesar de estar my sólo en la laguna,
además de hecho de estar muy lejos
y haberse enamorado de la Luna.
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