De pronto,
he descubierto que no existo,
la Vida pasa por mi lado
y no se digna a mirarme.
No estoy,
otros celebran mis momentos
me arrebatan lo que de grato
pudiera tener mi vivir.
Sin lugar,
he llegado a sentir la soledad,
pues, nadie me necesita, a su lado,
no por deber, sino por amor.
En obscuridad,
ya que no hay ojos que me velen,
ni sonrisa para confortarme,
para sentir que, algo, recibo.
Escuchando risas,
pero, hay un cristal de por medio
y la felicidad, que reina allí,
no puedo compartir.
Nada hay,
para que la vida valga la pena
y justifique mi existencia:
¿Lo mereceré?
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Hay veces en que suceden cosas,
sobre las cuales nadie tiene la culpa,
ni el propósito para ellas,
simplemente... suceden.
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