Ay, de los ciegos que no quieren ver,
por que han cerrado los ojos del alma;
los que han ido por la vida, sin volver
y han perdido, con ello, la calma.
Pobre de los sordos, que no quieren oir
por que han cerrado los oidos a los consejos,
los que se han guiados por sus propios criterios
y son responsables de sus pobres fracasos.
lástima de los que se creen píos
y se ven llenos de espiritualidad,
que, desaparece, si se escarba un poco,
cuando se enfrenten con su realidad.
Bienaventurados, los que han sufrido
y, con una sonrisa, aceptado la vida;
su gran amor no ha sido escondido
y la fé, en sus hermanos, no ha sido perdida.
Benditos seran, lo que han perdonado
y que de las ofensas han hecho omisión;
bañado en ternura, el odio han enterrado
y del encono han traído compasión.
Seres dilectos, serán los humildes,
por que sus vidas estén llenas de amor
y estarán en gloria cuando todo termine,
llegando hasta los Cielos, como hijos de Dios.
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